¿QUÉ ES EL BULLYING?

February 13, 2020

l bullying es una expresión de la violencia humana en la escuela. El concepto se instituyó para señalar un evento extraordinario, algo que se miraba como una anomalía peligrosa en las escuelas: “un estudiante es víctima de acoso escolar cuando está expuesto, de forma reiterada a lo largo del tiempo, a acciones negativas por parte de otro u otros estudiantes”. Es decir, el concepto se creó buscando desvincularlo de la violencia humana y del mundo adulto que envuelve a esos niños que se pegan.

 

El bullying es parte de un problema viejo: la violencia en la historia de la humanidad. Fue destacado por las ciencias sociales a finales del siglo veinte como una conducta inadmisible, recurrente y creciente en las escuelas. Una vez reconocido, los ejemplos ahora se socializan y visibilizan como si antes no existieran, lo que ha escandalizado al universo, realzado su importancia. Se considera cada vez más como un asunto en las escuelas que debe preocupar a las sociedades del planeta. 

 

Sin embargo, el bullying no refleja adecuadamente, en términos de violencia humana, lo que se vive en la escuela ni en los hogares de los niños de cualquier lugar. La violencia se origina en el mundo adulto y en los ambientes institucionales que a su vez crean el espacio de los niños.

 

El bullying, al hablar de cierto tipo de violencia entre niños, esconde persistentemente sus orígenes y los entornos que favorecen la violencia de los padres en los hogares, las discordias en la comunidad y las conductas escolares hostiles, agresivas o indiferentes de profesores y autoridades. Aislado, reducido en su definición y alcances, se banaliza el fenómeno de la violencia generalizada y tampoco posibilita su abordaje en tanto que bullying. Al no reconocer su origen y causas; al no hablar de la compleja violencia humana en sus diferentes formas, las soluciones que se encuentran son una suerte de placebos que lo convierten en un mal crónico. Simplificado, las soluciones que se presentan como lógicas suelen ser: eliminar la permisividad de los padres y adultos (la llamada falta de límites), vigilar los ambientes escolares, advertir al victimario de las consecuencias de sus actos y proteger a los niños que tienden a ser víctimas. Lo demás no le toca a la escuela, “nosotros nos dedicamos a enseñar”, suelen repetir profesores y autoridades. Es decir, las soluciones no eliminan los problemas de violencia, sino que aspiran a controlarlo. La lógica es: evitemos que ciertos niños agresivos se conviertan en golpeadores recurrentes y que otros caigan en la posición de víctimas, como si ese control eliminara la problemática. 

 

Rastrear en la naturaleza humana

 

Mirada planetariamente, la naturaleza humana nos acerca a nuestro origen biológico, natural y cósmico. Somos parte del reino animal, estamos incluidos en la biosfera y pertenecemos a un cosmos que opera desordenadamente. Catastróficamente crece, decrece, se auto organiza y se destruye. Es decir, nuestro origen y el entorno cósmico incluyen de manera relevante el caos, la destrucción. El orden y la organización son sólo una posibilidad. Como parte del orden biológico, compartimos la violencia como una de las estrategias de sobrevivencia de las especies animales. Conocemos y estamos familiarizados con las rivalidades y conflictos al interior de estas especies.

 

Como seres vivos de este planeta dependemos vitalmente de la biósfera terrestre; y debemos reconocer nuestra muy física y muy biológica identidad terrenal. Sin embargo, nuestro proceso de conformación como especie nos separa brutalmente. Sin negar nuestro ser biológico, el proceso de hominización desarrolló nuestro cerebro, nuestra postura, nuestras habilidades; pero hizo depender nuestra humanización de la cultura auto creada por la especie y con ella nos distanció del orden natural al que también pertenecemos.

 

El ser humano es, entonces, plenamente biofísico y plenamente psico-socio-cultural. La animalidad y la humanidad nos definen y nos hacen extraordinarios y contradictorios. Tenemos un cerebro potente, una condición juvenil prolongada que descansa en el ser mamífero:

 

Es un hipermamífero, dado que, marcado hasta la edad adulta por la simbiosis infantil con la madre, desarrolla como amor y ternura, cólera y odio, la afectividad de los mamíferos, conservando en forma de amistades adultas sus fraternidades juveniles ampliando las solidaridades y rivalidades, expandiendo las cualidades de memoria, inteligencia, afectividad, propias de esta clase, forzando hasta el extremo la aptitud de amar, gozar y sufrir.

 

El cerebro procesa nuestros impulsos y afectos, codifica la información, lo juvenil potencia nuestra capacidad afectiva y creativa. Pero nuestra mente no sólo obedece a nuestro cerebro que decodifica información de todo tipo (datos, imágenes, deseos, impulsos), que provienen del mundo físico, biológico y también de la cultura. Es decir, responde a los saberes, tradiciones, mitos, deseos individuales y colectivos de la comunidad a la que pertenecemos. Somos seres plenamente arraigados a la naturaleza y desarraigados de ella. Cien por ciento biológicos, cien por ciento sociales, y solemos desconocer nuestra doble naturaleza. “Experimenta la autoridad del Superyó social, la impronta y la norma de la cultura; vive sin cesar la dialógica puesta de relieve por Freud entre el superyó, el ello pulsional y el yo”. 

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