DE LA GOBERNABILIDAD

September 25, 2018

Muchos autores, analistas políticos y actores, sostienen que la gobernabilidad no implica solo la capacidad de gobernar efectivamente, sino además y por sobre todo implica la calidad de la interacción que establece con los actores sociales. La gobernabilidad sería, entonces, altamente democrática y horizontal. Esta visión sostiene que gobernabilidad es apoyo de los actores sociales y consenso democrático.

 

 

Sostenemos aquí que esta visión es errónea por cuanto no respeta las reglas de la escala de abstracción para la construcción y manipulación de conceptos. Creemos que la gobernabilidad no es igual a la gobernabilidad

 

democrática. Esto es, la gobernabilidad como concepto más abstracto significa, digamos por ahora, la capacidad de de gobernar de hecho y de que las decisiones de la autoridad política sean acatadas. O lo que es lo mismo, que exista una relación de dominación y mientras esta perdure. Como sostenía Weber, toda relación de dominación, está basada en la creencia de que el mandato de las autoridades debe ser acatado porque de alguna manera es legítimo. La dominación es llevada a cabo y mantenida por la fuerza y la violencia, pero estas no bastan sino que debe haber un componente de legitimidad, de aceptación. Si esto no sucede, resulta imposible aplicar la fuerza de manera constante y sobre todos los dominados, pues la dominación se haría inestable. No importa a nuestros efectos en qué está basada esa legitimidad, lo que importa es que de hecho existe en todos los sistemas políticos. De esta manera, asegurar la gobernabilidad de un sistema político con un régimen autoritario puede implicar asegurar mediante la fuerza el sometimiento de un grupo de personas a otro, sin que en esto importen las relaciones democráticas y consensuales con los actores sociales. Por ello es muy importante distinguir varios conceptos de menor escala de abstracción como gobernabilidad autoritaria y gobernabilidad democrática. La gobernabilidad democrática es más compleja, requiere, como veremos más adelante, de la satisfacción de otros requerimientos como la representación, la accountability vertical, horizontal, etc. De manera que garantizar la gobernabilidad democrática significará conseguir apoyos y, por ende, satisfacer demandas y formar consensos democráticos. Dejaremos a un lado el concepto de Gobernabilidad Autoritaria y nos ocuparemos específicamente de los Regímenes Democráticos, entendidos estos como lo hace Robert Dahl.

 

Gobernabilidad como accountability.

 

Algunas posturas reducen erróneamente el concepto de gobernabilidad a uno de los aspectos, por cierto nada irrelevantes, de la Gobernabilidad Democrática. Se trata de la Accountability vertical y horizontal. La accountability vertical hace referencia al requisito de que el gobierno dé cuenta de sus actividades y su accionar al pueblo soberano, quien a través de distintos mecanismos formales e informales alza su voz y pretende ser escuchado. Ejemplo de accountability vertical son las elecciones periódicas. La accountability horizontal hace referencia a los controles ahora no de los ciudadanos sobre los gobernantes sino de los distintos poderes y organismos dentro del Estado entre sí.

 

De esta manera, la sede Argentina del British Council sostiene:

 

"Gobernabilidad puede entonces significar el establecimiento de políticas que tiendan a una distribución más equitativa de los recursos materiales de la sociedad. Pero también el fortalecimiento de los medios de control de los ciudadanos sobre la manera como se administran y distribuyen dichos recursos.

 

Gobernabilidad o "buen gobierno" significa entre otras cosas la garantía de que la provisión de servicios básicos como salud, educación, vivienda se realiza sobre la base de principios de equidad, honestidad y transparencia. Es en buena medida el control ejercido por los ciudadanos sobre los actos de sus gobernantes. Con este principio se busca el resguardo del ejercicio de gobierno sobre la base de determinadas prácticas públicas democráticas, éticas y transparentes."

 

Creemos, en cambio, que no se puede cargar de contenido a la Gobernabilidad Democrática pues se trata de un estado en el que se está o no se está. Esta concepción del British Council Argentina es claramente reduccionista y centrada exclusivamente en el aspecto de la accountability vertical, incluyendo, inexplicablemente, también una idea redistribucionista.

 

Las crisis económicas de los años ´80 y ´90, que sólo nombraremos aquí, han producido un especial deterioro e inestabilidad política, económica y social en América Latina. Esto ha hecho que los organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y la OEA tomen un renovado interés en el concepto que nos ocupa y conformen una visión de este muy particular. Su interpretación del concepto fue apoyada por un volumen de financiación considerable y su conceptualización estuvo siempre ligada a la metodología de implementación de las reformas de libre mercado. A medida que se implantaban los planes en America Latina y Africa se hacía evidente la necesidad de rigurosos análisis para sortear los obstáculos políticos que se oponían a las reformas y, a la vez, la necesidad de aumentar la eficiencia en la aplicación.

 

Es así que el término fue concebido también como una herramienta de análisis político para la aplicación de los planes. Pero este no fue su único aporte a la causa del libre mercado. Como sostiene Hewitt de Alcántara: "Al hablar de "gobernabilidad" (en lugar de "reforma del Estado" o de "cambios sociales y políticos"), se permitió que los bancos y organismos multilaterales para el desarrollo abordaran temas sensibles reunidos bajo una denominación relativamente inofensiva, generalmente revestido de un lenguaje muy técnico, excluyendo así cualquier sospecha de que estas instituciones estaban excediendo los límites de su autoridad estatutaria al intervenir en los asuntos de política interior de los Estados soberanos."

 

Ahora bien, el concepto utilizado por los organismos financieros internacionales parece guardar un alto grado de flexibilidad y otro tanto de paradoja. Pues como las reformas deterioraban efectivamente el nivel de vida de la ciudadanía y la fortaleza de las instituciones, los organismos debían a la vez que invocar la Gobernabilidad Democrática, tomar decisiones en secreto, junto con los ministros de economía y sus técnicos, de espaldas a la ciudadanía. Estos eran (y son), como sostiene Hewitt de Alcántara, "procedimientos fundamentalmente autoritarios y, de haberse aplicado en sus propias sociedades, los ciudadanos de los países de la OCDE jamás los habrían aceptado."

Si alguien se ocupase verdaderamente del problema de Gobernabilidad Democrática en América Latina, debería empezar claramente por el problema de la crisis de deuda, principal agente de crisis, en vez de preocuparse por abrir mercados a productos extranjeros de manera unilateral.

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